Análisis – Nioh

Título: Nioh
Desarrollador: Team Ninja
Plataforma: PC, PS4 (versión analizada)
Género: RPG de Acción
Año de lanzamiento: 2017

Hace siete meses salió a la venta Nioh. Mis primeros pasos fueron un auténtico desastre. Moría, y moría, y no avanzaba, y me desesperaba. La desesperación llegó a tales niveles, que se me cayó el mando al suelo porque me enredé con un cable y desde entonces tiene su cicatriz. Hasta que J acudió a devolverme aquel favor que le hice sirviéndole de sherpa en Bloodborne. Me enseñó a usar la katana como una extensión más de mi cuerpo; me explicó cómo convertir la -a priori inocua- magia omyo en adalid de mi furia. Creedme si os digo que ha habido furia. Ha habido muerte. Ha habido destrucción.

Nada, y cuando digo “nada” es NADA ha podido pararme desde entonces. Los mismísimos demonios que un día me mataban de tres golpes desaparecían solo con desenvainar mi katana. LITERALMENTE. Llegó un momento en que ni los jefazos más fuertes del juego pudieron hacerme frente. Incluso cuando parecía que iban a matarme, solo descubrían durante una fracción de segundo cómo ENGAÑABA A LA MUERTE para desatar un poder inimaginable. Tal es así, que dos de los jefazos que más problemas me dieron al principio: Hino-Enma y Nue, no tuvieron nada que hacer en la recta final cuando volví a encontrármelos. Seguidos.

Nada puede pararme en mi camino hacia los créditos. Porque sí: Ya solo queda uno. El último. El jefe final. Hatori Hanzo dijo en una de las últimas cinemáticas que la Muerte venía a por mí. Me habría gustado poder responder como jugador. Poder mirarle a los ojos y decir: “No, Hatori-sama. Soy YO quien va a por la Muerte.”

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Esto lo escribí poco antes de acabarme la historia de Nioh, y creo que es lo que mejor resume mi experiencia con el título. La desesperación, la frustración… Dieron paso a una diversión sin precedentes. Porque siendo honestos, estamos ante un juego súper exigente que no tolera ni el más mínimo fallo. Pero quien se pone a los mandos de William, verá que la habilidad y el conocimiento de su profundísimo sistema de combate se ven generosamente premiados.

Y esto es de lo que más quiero hablar cuando hablo de Nioh: De su combate. Os aseguro que poco tiene que ver con ciertos títulos con los que se le suele comparar. Tenemos infinidad de armas, cada una con sus propias estadísticas, ventajas y desventajas. Tenemos equipaciones para aburrir y encima te permite cambiar la apariencia de lo que llevas para que todo luzca como quieras. Yo iba con una armadura ligerísima, pero parecía una armadura pesada de oro.

No nos desviemos. Las armas se dividen en katanas, lanzas, hachas, katanas dobles y kusarigamas. Ya dentro de cada tipo encontramos armas imbuidas en algún tipo de daño elemental, por ejemplo; o con características que favorecen mucho al combate. Pero no acaba aquí, porque si tenemos cinco clases de armas blancas distintas, cada una te permite luchar en tres posturas distintas (alta, media y baja) así que tenemos un total de quince formas básicas distintas de pelear; que se pueden personalizar todavía más al elegir qué ataques quieres ejecutar cuando llevas a cabo ciertos combos. Una auténtica locura. Y os aseguro que no engaño a nadie cuando digo que acabé destrozando yokais simplemente desenvainando mi katana.

A las armas blancas hay que añadir el uso de cañones, rifles y arcos; además de la verdadera chicha del juego: Las magias Omyo y el Ninjutsu. Lo segundo no es que lo haya usado en demasía pero saber defenderse en los dos campos (aunque sea un mínimo) es fundamental para poder disfrutar de la experiencia que ofrece Nioh. Empecemos por la magia Omyo. Con esta magia se nos permite el uso de pergaminos que nos ofrecen ciertas ventajas ante el enemigo. Podemos usarlos para cosas como imbuir un arma en el elemento que queramos (fuego, agua, electricidad, viento, tierra…); ralentizar al enemigo; reducir su ataque; su defensa; eliminar sus alteraciones de estado (que se suba el ataque, la velocidad…); podemos invocar un espíritu guardián… ¡Y hay más de veinte! Pero ya hablaremos de eso.

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Por otro lado, con el Ninjutsu podemos lanzar kunais (cuchillos), poner trampas, lanzar bombas, envenenar…. Las posibilidades son tantísimas que al principio abruman, luego interesan y acaban flipando por todo lo que te deja hacer. Sí, el juego es complicado, pero ofrece tantísimas posibilidades a la hora de combatir que acabas siendo un puñetero destructor de mundos invencible.

Toca hablar de los guardianes. ¿Recordáis lo que dije al principio, en esa entrada de Facebook con la que he abierto el análisis? Sí hombre, lo de que engañaba a la muerte. Bueno, pues no exageraba.

En Nioh existen los guardianes, que ofrecen diferentes ventajas unos de otros. Estas ventajas se aplican de dos maneras: De manera pasiva y activa. Las ventajas pasivas son por ejemplo que te permiten recuperar vida con un golpe final; te suben la defensa; el ataque cuando atacas por la espalda… O activar las ventajas activas cuando te matan… Y así volver de entre los muertos. Las ventajas activas se llaman “arma viva” y para ello tenemos un indicador que se va llenando. Cuando está lleno, podemos activar el arma viva y descargar un torrente de destrucción arrasador. Como cada guardián es único, sus talismanes también lo son. Y esto es otra capa más en la profundidad de su combate. ¿Que se parece a cierto juego? Lo dije en su momento y lo repito: Como decir que Borderlands y Call of Duty se parecen porque en ambos disparas.

El grandísimo problema que tiene Nioh es la aparente dejadez o pereza que muestra a partir de la primera mitad. El reciclado de enemigos es alarmante y hasta llegan a reciclarse jefes finales, en especial para las secundarias. Y muchas veces la dificultad del juego se basa en ponerte el mismo enemigo pero que pasa de matarte de tres golpes a matarte de uno. No es que sean más rápidos, o que cambien el set de movimientos; es que directamente suben sus estadísticas y a correr. Lo cual es una lástima.

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Los escenarios sufren un poco de reciclaje en el diseño de niveles. No en la parte artística, que a mí me ha parecido que cumplía de sobra; sino en lo que es el diseño propio del nivel: El camino a seguir. Tal es así que acabé recogiendo todos los kodamas en las últimas misiones porque ya sabía dónde buscarlos. También es cierto que hay reciclaje de escenarios mucho más llamativo en las secundarias. Rara es la misión con una localización propia.

Los jefazos no se quedan atrás; y aunque por un lado me ha gustado volver a enfrentarme, ya en el final, a algunos que en los primeros compases me dieron muchos dolores de cabeza; casi todos se pueden vencer buscándoles la espalda y sin parar de moverse. Además que sus movimientos son muy limitados y enseguida puedes aprenderte patrones. No cambia el hecho de que he sudado la gota gorda con más de uno, de dos y de cinco, ¿eh? No se nota mucha variedad, salvo por los diseños de los jefes.Pese a todo esto, Nioh me ha parecido divertidísimo, todo un reto y un juegazo increíble. Por desgracia no es un título para todo el mundo porque los niveles de frustración que pueden alcanzarse si no le dedicas tiempo a saberte cómo funciona el profundísimo sistema de combate son inimaginables. Además aquí se castiga mucho el no saber bien qué estadísticas subir y hacerlo al azar. Es increíble, en serio. Pero aquí todo tiene solución. Incluso eso.

Antes he hablado de los kodamas. ¿Qué son? Pues unos bichitos verdes muy majos que hacen las veces de coleccionable. Se quedan en los santuarios, que es donde descansamos y subimos de nivel; y si les haces ofrendas (como el equipo que no te sirva), van apareciendo más y puedes pedir bendiciones. Por ejemplo, que te salgan más elixires, necesarios para restablecer la salud, que era lo que siempre pedía yo.

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Como decía, el juego me ha parecido divertidísimo y estoy muy orgulloso de habérmelo pasado, de haber llegado al final y de haber podido superar este reto. Admito que llevaba un par de meses comiéndome la cabeza, pensando que quizás estaba perdiendo facultades y que ya no estaba para juegos que fueran muy complicados. Que me estaba haciendo mayor. Pero no, y jolín, me alegra. Ha sido todo un chute. Sé que me dejo mucho en el tintero, como la historia o el apartado audiovisual. Pero en serio que es un juego en el que lo que prima es la jugabilidad. He pasado de la historia (que casi parecía esto un Total War o yo qué sé) y aunque la música es muy repetitiva (abusan del tema principal en los combates) a nivel visual sí que me ha gustado. Dicen que tiene malos gráficos pero a mí no me lo ha parecido en absoluto. Los personajes, los guardianes, los edificios, el vestuario… Todo está muy muy muy trabajado. Muy mucho. Es una delicia que sabe cimentarse en la cultura que explora.

Si te gustan los juegos difíciles, frenéticos y no le tienes miedo a morir sin parar: Nioh te va a encantar. Además en España se han vendido súper poquitas unidades (unas 2.000 si no leí mal) así que en un par de años va a estar cotizadísimo. Yo por mi parte dejaré mi juego muy cerquita de BloodborneUncharted 4 y Life is Strange. Entre otros.

9/10

Gabi’s Seal of Approval

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2 comentarios en “Análisis – Nioh”

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