Tres aventuras gráficas de mi infancia

Antes de empezar: Ya, sé que la imagen de cabecera es horrible ¡pero es que es bastante difícil hacer algo decente! Al lío. Cuando le preguntas a alguien que cuál fue su primer videojuego, suelen saber responder. Por ejemplo, hace unos días un compañero de trabajo me comentó que su primer videojuego había sido el Pokémon Amarillo (análisis). Yo no recuerdo cuál fue mi primer videojuego así en términos generales. Sé por dónde van los tiros porque recuerdo lo que había en mi casa cuando era pequeño: Intellivision, un par de Game & Watch y la primera Gameboy.

Sí recuerdo, por ejemplo, el primer videojuego que tuve “mío”: El Toy Story para la Gameboy. Recuerdo que el primer juego que logré pasarme fue el Kirby’s Dream Land y poco después haría lo propio con Super Mario Land 2. Luego ya, vendrían los juegos de PC. Y es aquí donde entran las aventuras gráficas. No recuerdo cuál fue la primera, y quizás no sea ninguna de estas. Pero son las que guardo en mi memoria con más cariño. Dos de ellas, las dos primeras, salieron del mismo lugar: Una librería situada en la Calle Juan de Urbieta, en Madrid, que todavía está abierta. Estos juegos los vendían a 400 pesetas y salieron auténticas maravillas de ahí. Dig It! , por ejemplo. Un amigo mío pudo hacerse con el Doom II y buenos vicios nos echábamos en su casa.

El tercer videojuego que veremos es un juego que me regalaron mis padres, no recuerdo ahora el motivo: Si fue por mi cumple o por qué. Recuerdo que volvieron de El Corte Inglés con él y lo dejaron encima de su cama.

El género de las aventuras gráficas siempre ha sido de mis favoritos. Cuando lograba encontrar la solución a uno de los múltiples problemas me sentía como una especie de genio. Como no había Internet enseguida volvías a atascarte, pero curiosamente el hermano de un compañero mío de primaria jugaba a los mismos videojuegos y me ayudaba cuando no sabía qué hacer.

No quiero alargarme mucho más con las presentaciones. Hoy os traigo tres aventuras gráficas con las que crecí y que marcaron mi infancia. No exagero si digo que ayudaron a que hoy disfrute tanto con este hobby. Guardo los tres títulos como oro en paño, y he vuelto a jugar a los tres este mismo año.


Simon the Sorcerer

SimonLogo

El juego se publicó el 2 de enero de 1993, hace ya 25 años. Desarrollado por Adventure Soft, se trata del que quizás sea, junto con Tomb Raider II, el juego al que más cariño le tengo. Me lo compré, como he dicho antes, por 400 pesetas. Y la cantidad de horas de diversión que me ha dado no son ni medio normales.

En esta aventura encarnamos a Simon, un adolescente bastante pasota que, aburrido de estudiar, va a por su perro Chippy para meterlo en la secadora y así echar la tarde. El perro se mete en un baúl y saca un libro. Simon lo coge, lo tira y este, al caer abierto, revela un portal a otra dimensión. Chippy decide aventurarse y detrás de él, Simon. Al otro lado descubrimos que hay que rescatar a un mago llamado Calypso de las malvadas garras de Sórdido.

El juego en sí tiene cosas bastantes sencillitas pero luego hay algunos rompecabezas que son más bien difíciles. Y la ubicación de algunos elementos como la dichosa caja de cerillas en la taberna del pueblo no ayudan. Porque vaya tela con la puñetera caja. Como curiosidad debo decir que mientras sacaba fotos para el artículo he descubierto que pulsando F10 puedes resaltar los puntos de interés.

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Simon entrando en la cabaña del Swampling.

El juego está plagado de referencias a muchas cosas, desde los magos bebiendo en la taberna y Simon acercándose y diciendo que quiere ser mago (muy a lo Monkey Island); a un tío pescando con un disfraz de Gollum porque es el encargado de la comida en una convención de frikis de Tolkien. Aparecen personajes MEMORABLES, en mayúsculas, como un dragón con catarro, el muñeco de nieve que te corta el paso al grito de “You shall not pass!” o el Swampling. Que el juego de verdad ya solo merece la pena por la escena con este tío.

La música es para mencionarla a parte porque llevo como toda mi vida con el temita principal en la cabeza. Hace ya muchisimos años intentaba hacerlo funcionar en XP y de verdad que no había manera. O sea, el juego iba, arrancaba pero no tenía sonido ni voces. Me volví loco. Y ya cuando logré hacerlo funcionar, y vi cómo salía el logo en mi monitor con esta musiquita… Creo que es la música de la felicidad. A día de hoy no puedo evitar esbozar una sonrisa cada vez que ejecuto el juego y la escucho, seguido del ya clásico “For my first trick….”

Si decidís darle un tiento, lo tenéis disponible en GOG y a muy buen precio. Además están también en esa misma web las dos entregas siguientes: Simon the Sorcerer IISimon the Sorcerer 3D. El segundo, aunque no está a la altura de este, es también bastante bueno y debo decir que, diez años después de habérmelo pasado, todavía me acuerdo del PUNTAZO de los tres frikis que juegan a rol en una cabaña. Me tragué toda la partida y no podía parar de reírme. Tengo entendido que la tercera entrega es bastante mala, pero no he jugado. Si os quedáis con ganas de más, existen otras dos entregas más: Chaos HappensWho’d Even Want Contact, esta última ni siquiera llegó a España. El cuarto lo tengo, me lo he pasado y bueno, en fin. Simon venía doblado con la voz de Jimbo de Los Simpsons y no le pegaba nada. En cuanto al doblaje original, por alguna razón decidieron ponerle acento americano en lugar del original, que es muy british y perdió parte de su encanto. Como aventura gráfica, Chaos Happens no es malo.


Prisoner of Ice

PrisonerIce.jpg

No sé si recordaréis que en mi primer año por aquí hablé de un título llamado Shadow of the Comet que analicé. Bien pues esta es su segunda parte. En esta ocasión somos el Teniente Ryan. La historia nos sitúa a finales de la década de los años 30, en el HMS Victoria, tras rescatar a un noruego que había huido de una base alemana de la Atlántida. Con él, se recogieron dos misteriosas cajas.

Está basado en los Mitos de Cthulhu y esto es curioso porque yo no tuve conocimiento de estos mitos hasta hace unos diez años. Y tiene bastantes referencias. Por ejemplo, la base alemana del que escapa el tío al que se rescataba, está ubicada en las Montañas de la Locura.

Recuerdo que el juego me daba miedo porque no era la típica aventura gráfica como los otros dos títulos. Aquí podías morir si no hacías las cosas a tiempo. Me costó bastante conseguir escapar del submarino por eso mismo. No era tan difícil como el Simon the Sorcerer pero aun así, tenía momentos donde era sencillo quedarse atascado. ¡Sobre todo cuando tienes siete años!

PrisonerIce2.jpg

El juego venía doblado al castellano y todavía me sigue sorprendiendo la calidad del trabajo. Vale que a día de hoy puede no estar a la altura pero para aquella época, un juego doblado era como ¡vaya! En cuanto al apartado visual se aleja bastante de lo habitual. Tiene escenarios prerrenderizados que sí son el pan de cada día pero los personajes con ese falso 3D me encantaban y todavía me encantan. Además las animaciones molaban bastante.

Que sepa no tiene continuación, y lo cierto es que su relación con Shadow of the Comet es más bien anecdótica. Con respecto a su predecesor, creo que se trata de un juego mejor hecho a todos los niveles. Se nota más sólido y ha envejecido mucho mejor. Si alguien se anima, está en GOG al igual que su primera parte. Por si tenéis dudas, sí: Viene en castellano y funciona en equipos actuales.


Woodruff and the Schnibble of Azimuth

Woodruff.jpgSalió a la venta en 1994 y lo desarrolló la francesa Coktel Vision. Quizás no os suene de nada ni ese estudio ni el nombre de Pierre Gilhodes. Pero si os digo que tanto uno y otro andan detrás de la serie Gobliiins y que estaban bajo la tutela de Sierra la cosa quizás cambie para los más viejunillos.

Ya si no conocéis Sierra pues podéis ir a la Wikipedia porque estos tíos no se andaban con tonterías. Mi amado Quest for Glory es suyo así como todos los Quest que se pueda uno imaginar: Space QuestPolice QuestKing’s Quest… Y tiene otros juegos por ahí como Phantasmagoria. El estudio abrió en 1979 y aguantó como un campeón hasta que Activision decidió que había que comprar a esta gente hace una década.

En cuanto al juego, pues hay que situarse un poco. Hubo una guerra nuclear, los humanos destruyeron todo y decidieron meterse bajo tierra a esperar a que la radiación dejase de dar la lata. Cuando volvieron a la superficie descubrieron que todo había prosperado y que multitud de animales y plantas se habían adueñado de todo. Existía una raza bastante pacífica, llamada los Buzuk. Que tenían ciudades y todo. Los humanos no pudieron resistirse y conquistaron y sometieron a estos buenazos de los Buzuk.

Woodruff2.jpg

Tiempo después de aquello, un hombre llamado Azimuth es secuestrado. Pero poco antes de eso, esconde a Woodruff, su hijo adoptivo, con un cacharro que le hace crecer al instante. El chico tendría tres o cuatro añitos, no os creáis que mucho más. Y de repente se ve en un mundo que no reconoce, amnésico y con el nombre de su padre en la cabeza como única pista (sin saber quién es).

No voy a decir más porque este es uno de esos juegos que hay que jugar para ver por dónde te va a salir. Es un título fantástico, mucho más asequible que los dos anteriores, con un doblaje para quitarse el sombrero y personajes y lugares míticos.

Tengo la triste noticia de que este juego no está en GOG ni en ninguna plataforma legal de descarga. Yo tengo el juego original y aunque W10 lo reconoce, he sido incapaz de instalarlo siquiera. No obstante, no es difícil dar con este juego en castellano en modo portable. Esto significa que con un solo ejecutable tienes el juego entero. ¡Y esto sí que funciona!


 

He de decir que me siento bastante afortunado de que estos juegos sigan funcionando a día de hoy en mi ordenador como el primer día que los jugué. Y me gusta muchísimo haber podido volver a ellos y ver que continúan tan frescos como el día que los descubrí. Me gusta ver que, cada vez que los he vuelto a tocar estos días, me han absorbido como entonces. Este fin de semana pasado estuve media tarde jugando al Woodruff y ni siquiera me puse a pensar en que debía dejarlo o algo. No, simplemente… Jugué. Como entonces. Y seguiré jugando.

Me despido por hoy, mientras escucho una vez más esa melodía tan pegadiza de Simon the Sorcerer, con ganas de adentrarme de nuevo en la base militar en la que me quedé cuando cerré Prisoner of Ice. Que paséis una feliz semana.

PD. ¿Alguien sabe qué le tengo que dar al tío de la realidad virtual en el Woodruff a cambio de la dichosa nuez? ¡No logro acordarme!

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3 comentarios en “Tres aventuras gráficas de mi infancia”

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