Análisis – Hellblade: Senua’s Sacrifice

Título: Hellblade: Senua’s Sacrifice
Desarrollador: Ninja Theory
Plataforma: PC ; Nintendo Switch ; PS4 ; Xbox One
Género: Acción en tercera persona ; Narrativo
Año de lanzamiento: 2016

Creo que cualquiera que esté metido en este agujero en el bolsillo que son los videojuegos, escuchó hablar en su día del enorme proyecto en el que se habían embarcado los chicos de Ninja Theory. No es para menos: Lo que habían presentado era una auténtica locura teniendo en cuenta que se definen como un estudio indie. Etiqueta que yo, no comparto.

Si Hellblade llamó la atención, fue por dos motivos. El primero, su aspecto visual. Las expresiones de Senua, su protagonista, quitaban el hipo incluso para una súper producción para estudios de mayor calibre (léanse Rockstar Games, Electronic Arts, o Epic Games)Pero no se queda ahí, porque prometían un viaje al interior de una mente enferma. Con todo el respeto que merece.

Hellblade1
Las animaciones faciales de Senua están a otro nivel.

Jamás en mi vida había visto la esquizofrenia como una mecánica o como un elemento en un videojuego. La locura, por el contrario, sí. Los juegos de corte lovecraftiano tienden a aderezar la inseguridad del jugador con mecánicas maravillosas que hemos visto más de una vez en este blog. Pero lo hacían de manera superficial en comparación con Hellblade: Senua’s Sacrifice.

Lo que desde Ninja Theory plantearon en 2016 era un vistazo crudo a un personaje humano, embarcado en un viaje que le queda grande. Con una carga personal que ya se antoja difícil sobrellevar hoy día, no me quiero imaginar cómo sería en el contexto en el que el juego tiene lugar.

El juego bebe de varios elementos nórdicos y celtas, siendo Senua una guerrera picta cuya misión es entrar en Helheim, el reino de los muertos en la mitología nórdica.  El por qué de su viaje es algo que no voy a detallar. Quien quiera saber más, que lo juegue. Senua es una guerrera un tanto especial, pues sufre de un trastorno mental que hace que no pare de escuchar voces. Que tratan de desanimarle, de hacer que desespere… Pero también le ayudan en combate y a la hora de resolver puzles.

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Estas voces que no callan son, además de una carga narrativa importante, una mecánica más. Motivo por el que me decanté por la compra del juego. Todo el mundo ha alabado la inclusión de este elemento, y yo no voy a ser menos. Uno acaba acostumbrándose a las voces y, aunque pueda parecer un punto negativo, me parece todo un acierto. A fin de cuentas, parece que Senua en cierto modo ha aprendido a convivir con ese problema. Hasta el punto que, cuando en un momento de la aventura dejamos de oírlas temporalmente, se nota su ausencia.

Sin embargo, y aunque tanto Senua como el apartado sonoro son dos puntos sobresalientes, en el resto de apartados, el juego cojea. Y mucho. Hay texturas que son terribles incluso para un juego como este cuyos creadores se atrevieron a catalogar como una «producción AA». Ojo, no es por quitarles mérito ni mucho menos. Pero me llama la atención ver a Senua con un nivel de detalle brutal, abriendo puertas con texturas de la generación anterior.

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Pero hay más. El argumento, aunque bueno, no me parece que ofrezca nada realmente extraordinario. Me ha dado la sensación de ser una historia más con un final descafeinado. He leído mucho acerca de que «la recta final es maravillosa», que las últimas tres o cuatro horas «se pasan del tirón», pero en mi caso me temo que no ha sido así. Es un viaje fabuloso y una bonita metáfora pero… No sé, no es algo con lo que haya conectado. Con Senua sí, porque es difícil no empatizar. Pero ya está. Como digo la historia es buena, pero no me parece que estemos ante la maravilla argumental de la que muchos han hablado. Lo que menos me ha gustado son unos monolitos que ayudan a comprender el trasfondo sobre el que se mueve todo. Detienen completamente la progresión y cortan el ritmo de la historia.

El resto del juego puede acabar siendo repetitivo, las cosas como son. El progreso en esta aventura se divide mayoritariamente en tres partes que van alternándose: Lugares donde vamos a combatir contra los mismos cuatro enemigos, lugares donde vamos a resolver la misma clase de puzles, y momentos donde caminaremos mientras oímos voces que nos ayudan a avanzar en la historia. Evidentemente lo he simplificado quizás demasiado porque hay momentos que se alejan de eso. Habrá un momento donde debemos evitar la oscuridad, momentos donde debemos huir, etc. Pero son momentos puntuales.

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Tengo que matizar mucho lo que acabo de decir. Los puzles son siempre iguales, y los enemigos también. Pero Ninja Theory ha logrado que el sistema de combate sea una pasada desde el principio hasta el punto que te da igual que siempre sean los mismos tipos. Es un punto en el que todo va a más. Empiezas pensando «como me tenga que enfrentar a dos tipos como este, estoy vendido», pero acabas enfrentándote a cuatro como ese y a otros tres más que son todavía peores. Hay una curva de dificultad brillante que no está exenta de riesgo. Pues Senua tiene algo en su brazo. Algo que, si llega a su cabeza, hará que la partida termine, se borre. Y haya que empezar de cero.

En cuanto a los puzles… Colega, ¿cómo puede ser que tras cinco horas haciendo lo mismo todavía tenga que pararme a buscar y mirar? No tienen mucho misterio, es cierto, pero no es hacer estrictamente lo mismo una y otra vez. También hay que decir que el hecho de que los puzles sean los mismos una y otra vez, atienden a unos motivos narrativos ligados, concretamente, a las obsesiones de Senua. Sí: Todo aquí está por y para la narrativa. Por y para Senua.

En definitiva, debo decir que he disfrutado Hellblade: Senua’s Sacrifice. No creo que sea el título sobresaliente que muchos dicen que es, aunque esto creo que obedece más a una cuestión objetiva, pero eso no cambia el hecho de que es un juego notable. Un juego que me ha hecho pararme a pensar en toda la gente que tiene los problemas que tiene Senua. También en toda la gente que los ha tenido a lo largo de la Historia. Y se me encoge el corazón.

8/10

Un comentario en “Análisis – Hellblade: Senua’s Sacrifice”

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