Especial Ciclo Lovecraft – Call of Cthulhu

Me encanta Lovecraft. Todo lo que gira entorno al autor de Providence me vuelve loco, salvo terribles excepciones como cierta serie que se ha estrenado hace poco en HBO. He leído prácticamente todo lo que ha escrito y, como no podía ser de otro modo, me he sumergido en la locura más allá de sus fronteras, leyendo otros autores que han contribuido en mayor o menos medida en aumentar el imaginario de los Mitos. Frank Belknap, Robert Bloch, Stephen King… ¿Y por qué no decirlo a estas alturas? Hidetaka Miyazaki.

Siempre que hablo de un videojuego o película sobre este tema, me veo en la necesidad de explicar que el Horror Cósmico se apoya de una manera fortísima en su medio original como ninguna otra temática sabe hacerlo: La literatura. De esta forma logra generar esa atmósfera tan particular. Es por eso que cualquier medio narrativo que necesite mostrar de una manera u otra el horror que vuelve locos a los personajes, acaba fracasando. El horror indescriptible con colores que no forman parte del espectro natural; los sonidos irreproducibles y antinaturales que ningún elemento terrestre podría producir; las lenguas profanas tan perversas que no podemos ni imaginar ni pronunciar; el aspecto de criaturas tan terribles, tan grotescas, que su mera visión hace que nos cuestionemos todo aquello en lo que creemos.

Y claro, ante este panorama, únicamente migrado con éxito a la fórmula de los juegos de mesa donde las palabras pueden (y deben) mantener toda su fuerza, es difícil encontrar un videojuego que sepa tratar adecuadamente lo que tenemos entre manos. No son pocos los títulos de horror cósmico o con temática «lovecraftiana» (me vais a perdonar pero me da algo de repelús este término) que hay disponibles a día de hoy para casi cualquier consola que podamos imaginar. Pero son muy pocos los que saben tratar con la decencia (y la locura) pertinentes el trabajo del genio de Providence. Es por eso que con este análisis abro un pequeño ciclo especial de Lovecraft, donde analizaré y hablaré de tres juegos que me he pasado hace poco: Call of Cthulhu, Conarium Bloodborne The Sinking City, terminando (una vez me lo haya acabado) con el análisis de Stygian: Reign of the Old Ones. Veremos cómo cada uno afronta los Mitos de manera diferente, así como las características de estos. Veremos cómo funcionan, sus inspiraciones y lo más importante: Si funcionan. El objetivo por tanto, consiste en desenmarañar de una vez qué hace falta para crear un auténtico ambiente «lovecraftiano».

Nota de edición: No me había dado cuenta de que Conarium ya había sido analizado en La Ludoteca, por lo que en su lugar hablaré de Bloodborne.


Análisis – Call of Cthulhu

Call of Cthulhu cover

Título: Call of Cthulhu
Desarrollador: Cyanide Studio
Plataforma: PC (versión analizada) ; PS4 ; Nintendo Switch ; Xbox One
Género: Aventura Gráfica ; Horror
Año de lanzamiento: 2018

El nombre «Call of Cthulhu» no debe tomarse jamás a la ligera, y es que «La llamada de Cthulhu», relato escrito en 1926 por H. P. Lovecraft es el pilar central entorno al que giran el resto de obras, además de una las más importantes del autor. Quizás sea ese el motivo por el que desde Focus Home Entertainment (la distribuidora), no tardaron en aclarar que se trataba de un título inspirado por el juego de rol homónimo.

No me atrevo a analizar en profundidad si estamos ante una obra fiel a su fuente de inspiración, pero por lo poco que conozco el juego de mesa me aventuro a decir, desde el principio, que cualquier parecido con éste es mera coincidencia. Ya volveremos a ello más adelante, y ya profundizaré más sobre esto en el análisis de Stygian: Reign of the Old Ones.

CoC3

En Call of Cthulhu tomamos el rol del detective privado en horas bajas Edward Pierce, un veterano de guerra adicto al alcohol y a los narcóticos. Nuestro cometido será trasladarnos a la isla de Darkwater, en Massachusetts, para investigar la muerte de la familia Hawkins. Como cabe esperar, el ambiente en dicho lugar es oscuro, dantesco e incluso decrépito. Darkwater no es un lugar al que uno debería ir de vacaciones, sin duda. Y desde el primer momento podemos sentir cómo esa atmósfera retorcida nos deja entrever que algo no marcha bien en el lugar, pese a que la gente parece hacer vida normal.

Esa mezcla entre horror y normalidad es algo habitual en los juegos de este corte y siempre funciona bien. Hay algo terrorífico en ser testigos de cómo el ser humano convive tranquilamente en un marco antinatural y deshumanizado. La ambientación es uno de los puntos fuertes de este Call of Cthulhu y lo hace en todas sus vertientes: Localizaciones, paleta de colores, iluminación, sonido… Si a esto le sumamos un misterio que se siente interesante, tenemos la base perfecta para un buen título ambientado en Los Mitos.

CoC7

Focus Home Entertainment, la distribuidora detrás de los últimos juegos de Sherlock Holmes (Crimes & Punishments y The Devil’s Daughter) parece haber metido mano en el tipo de título que buscaba con este Call of Cthulhu, y es que, resulta inevitable la aparición de ciertas mecánicas inherentes a los juegos de Sherlock Holmes desarrollados por Frogwares. Esto se comprenderá mejor una vez analice The Sinking City, juego cuyo desarrollo está estrechamente ligado al de Call of Cthulhu. Durante la mayor parte de la historia da la sensación de que estemos ante una aventura gráfica en primera persona más que en un juego de horror donde nuestra vida y cordura tienen el mismo valor que el de una rata.

Es ahí donde empiezan a verse los hilos de este acto ilusorio que con tanto esmero se esfuerza en crear el apartado audiovisual. Todo a tu alrededor desprende peligro, muerte y locura aunque pocas veces existe una amenaza real para nuestro personaje. Sí, tenemos a nuestra disposición ciertas habilidades para desbloquear pero no existe una utilidad para ellas más allá de desbloquear unas u otras líneas de conversación que acaban convergiendo en el mismo punto. No solo no se dispone de libertad, es que tampoco hay un intento serio por hacernos creer que sí la tenemos, como puede pasar en otros juegos.

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Call of Cthulhu se vende como un título de rol. Pero como veis en la ficha me niego a considerarlo como tal. Tener un árbol de habilidades, sea cual sea la relevancia de éste dentro del desarrollo narrativo, no convierte al juego en uno de rol. Me parece un insulto a títulos como Planescape TormentDivinity Original Sin IIStygian: Reign of the Old Ones, que sí se toman en serio la libertad del jugador a la hora de tomar decisiones y ponen a su disposición una serie de soluciones que proporcionan un grado de libertad acorde con lo que se puede encontrar en los Dungeons & DragonsCall of Cthulhu originales. Es imposible condensar en un título la infinidad de situaciones que un buen máster y unos jugadores pueden crear partiendo de su imaginación. Pero esos juegos (y muchos otros) se esfuerzan porque así sea, profundizando además en una serie de características para nuestros personajes que garantizan que ninguna partida vaya a ser igual a otra.

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Por tanto, y por mucho que pese, Call of Cthulhu es una aventura gráfica, ya que las situaciones que propone tienen una solución que debemos encontrar. No hay apenas lugar para la cordura, no hablemos ya de otros males que puedan afectar a la psique de Edward Pierce. Ni siquiera las supuestas adicciones que adolece tienen un impacto real en el transcurso de la aventura. No existe, por poner un ejemplo, una necesidad de ir buscando alcohol para no caer en un síndrome de abstinencia aunque es cierto que en ocasiones se nos propondrá el que bebamos una copa o dos.

Gráficamente no es un gran portento visual, si bien es cierto que del mismo modo que pasó hace unos quince años con Dark Corners of the Earth, el hecho de no disponer de los últimos gráficos no quiere decir que no sepa crear una atmósfera incómoda y terrorífica. Esa atmósfera, que poco a poco pierde fuelle cuando ves de qué palo va el juego, logra recuperarse en varias ocasiones gracias a ciertas partes donde el sigilo será fundamental para poder avanzar.

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Es una mecánica muy básica, y no quiero que lleve a engaño. Esto es sigilo al uso como el que podemos encontrar en ThiefDishonored. Tocará atravesar ciertas partes sin que los personajes que patrullan nos vean. No nos persiguen como lo hacían en SOMAAmnesia. Tampoco disponemos de objetos que puedan ayudarnos a despistar a los guardias aunque sí es posible noquearlos si logramos acercarnos por detrás. Salvo en un caso específico que no contaré.

Estas zonas que nos proporcionan ciertos momentos de tensión funcionan muy bien con la mayoría de partes en las que nos limitaremos a investigar e interrogar, así como a reconstruir ciertos acontecimientos. Mecánica que, efectivamente, resulta familiar para quienes hemos jugado a los títulos antes mencionados del detective más famoso de Baker Street. Es gracias a estos momentos que el juego no echa por tierra todo lo que es pese a la simplicidad de todo su planteamiento.

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Una cosa que me ha gustado es el intento por parte de Cyanide Studios por ir dejando atrás toda la parte de investigación en pos de ese sigilo que comentaba e incluso, ya en el final, de la acción directa. Poco a poco las mecánicas, del mismo modo que lo hacen la historia o el personaje, se van pervirtiendo; pasando de un punto pacífico a uno violento donde la locura ya está totalmente desatada. No terminan de hacerlo bien, pero hay que reconocer que la idea es buena.

También cabe mencionar la historia, que sin estar a la altura del maestro de Providence y sus seguidores más cercanos, logra esa inmersión tan necesaria en un juego de este estilo. Engancha, aunque sepamos que no acabará bien; aunque sepamos que lo que hay a la vuelta de la esquina es de un horror cósmico que ya nos va resultando familiar. Ese es quizás, uno de los grandes problemas que existen a la hora de saber representar la obra de Lovecraft. En el momento en que sabes a lo que vienes, parte de la magia se esfuma. Quizás por eso, mi primer encontronazo con este mundo en Dark Corners of the Earth resultó tan conmovedoramente aterrador. Porque era incapaz de imaginar el suplicio que me iba a tocar vivir.

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No critico la historia, que conste. No me parece mala y pienso que cumple con su cometido. Claro que tampoco hay que esperar de ella un desarrollo de personajes brutal; o unos arcos narrativos de esos que te dejan con la boca abierta. Es simplemente una historia sin mayores pretensiones que recordarnos dónde estamos. La trama con el asesinato de la familia Hawkins es interesante, engancha y divierte. En resumidas cuentas: Funciona. Sin más.

En mi humilde opinión, Call of Cthulhu queda por tanto relegado a los jugadores de nicho. Un nicho oscuro, profundo y, casi casi, onírico. Un nicho al que nos gusta entrar por el morbo de los horrores antinaturales, inhumanos y malditos que atestiguaremos. No estará a la altura de otros juegos, flaqueará en sus bases, y tendrá más problemas criticables aquí. Pero cualquier amante de los Mitos va a encontrarse un pedacito de ese mundo que tanto consigue removernos el alma. Los que no estén al tanto de la obra de Lovecraft, de lo que es «La llamada de Cthulhu» (ya sea el relato o el juego de mesa) o simplemente no les guste, muy probablemente no van a encontrar nada decente por lo que avanzar en este título. Para todos los demás, bienvenidos a Blackwater.

6/10

 

2 comentarios sobre “Especial Ciclo Lovecraft – Call of Cthulhu

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